El mes que pasó fue bastante intenso para mi: estuve como loca estudiando para la facu, intenté aprender alemán, tener mi casa en orden, ver regularmente a mi amiga que partiría en breve y conservar un inquebrantable “buen humor”. Llego a los 7 meses en Alemania con un verano que de verano solo conserva el nombre y, por tal motivo, me encuentra tirada en una paradisiaca playa del sur de Sicilia. Uf, necesitaba un respiro.

Ya pasé el medio año. Aún no puedo creerlo.

Siete meses de crecimiento. No soy la mujer maravilla pero si me maravillo al ver como aprendi solita a organizarme y tomar con naturalidad los cambios que se me presentaron. Quizas el mayor logro que tuve fue aprender a esperar. Siento que de repente me tranquilicé, me di cuenta de que tenía un montón de paciencia guardada en mi y jamás la había utilizado, porque no sabía de su existencia en mi.
Con la tranquilidad, llego el aprender a preocuparme un poco mas por mis pares, a ponerme mas seguido en sus zapatos y ya deje de ser siempre mi propio centro de atraccion. Equilibrio, esa es la palabra, logre equilibrarme.
Creo que en estos siete meses pasaron muchas cosas que finalmente dieron y están dando sus frutos. Quizás una de las cosas mas recomfortantes es saber que ese cambio que se produjo y va produciendo en mi, lo han percibido mis padres y me lleno de felicidad cuando recuerdo que mi papá, por primera vez en 25 años, me dijo que se siente orgulloso de la persona que soy.

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