Luego del viajecito de 15 horas (bah, fue mas porque tuvimos que esperar como 6 horas en Barcelona), decidimos arrancar el ano explorando el sur argentino. A- venia soñando con la Patagonia desde hace 2 años, cuando le mencione que, si le gustaban las montañas, entonces algun dia tendriamos que ir hacia el sur y abandonar Buenos Aires. El receso consular obligado al que me someto 😦 fue la ocasion perfecta para llevar a cabo el viaje.
Comenzamos en San Carlos de Bariloche, seguimos en Esquel, luego en El Chalten y El Calafate, para terminar en Ushuaia, la “ciudad mas austral del mundo”.
Bariloche nos recibio con mucho viento y temperaturas dignas del invierno: 10 grados promedio. Lamentablemente, nuestra pequeña camara de fotos decidio quedarse alla, por razones ajenas a nuestra voluntad y bolsillo. Asi que la mayoria de las fotos que sacamos, se han perdido gracias a la mano ligera de algun malandro barilochense. Al margen de esta amarga experiencia, nos divirtio hacer trekking por la Laguna Escondida, el Cerro Otto y el Lopez, comer chocolates en Fenoglio y tomar choco caliente en la Abuela Goye. Ah, la confiteria del cerro Otto
gira de verdad! (siempre crei que me estaban chamuyando, je).Esquel nos esperaba con un tiempo apenas distinto al de Bariloche: bajas temperaturas pero al menos un poco de sol.
Cada mañana tomamos nuestro micro hasta el Parque Nacional Los Alerces
y pudimos sobrevivir al viento, gracias al resguardo de los arboles. Dentro del parque hay muchos laguitos y se puede contemplar un panorama excepcional desde cualquier punto del mismo. Eso si: lo que le falta a Esquel para que sea el Parque ideal, es que organicen un poco mas el tema del transporte y los horarios, ya que no siempre se cumplen. La oficina de turismo nos nos fue muy util (nos garroneaban los mapas!), pero de todos modos, el parque es bellisimo y muy grande, no alcanzamos a recorrerlo en su totalidad. La anecdota “extra” de este trecho fue que me encontre aceptando “aventones” de gente desconocida; debo confesar que me divirtio y mucho. Sobre todo porque terminamos super sucios, con los pelos duros de tanta tierra que volaba. Quien lo diria! Yo en camioneta ajena y ensuciandome?! Yeah!
El vuelo desde Esquel a Calafate operado por L.A.D.E.
nos dejo super satisfechos: muy buena comida, precio y excelente atencion. Altamente recomendable.

El Chalten era EL lugar a visitar. Desde que el pequeno vio una postal con el cerro Fitz Roy, nunca dejo de decir que tenia que ir a verlo en vivo y en directo. Asi fue que hicimos escala obligada en El Calafate y tomamos el micro rumbo a El Chalten.
Chalten es un pueblo muy pequeño, pero no por eso desagradable, sino todo lo contrario, ya que se encuentra muy proximo a los sederos para comenzar a caminar. El paisaje que se puede observar en el pueblo es drasticamente espectacular. La mayoria de los turistas eran extranjeros y yo era una de las pocas argentinas que tuvo el privilegio de poder contemplar semejante belleza. Los cerros Torre y Fitz Roy se erigen de forma imponente e indescriptible, para el deleite de nuestros ojos. Caminamos mucho mas que en las otras ciudades, pero valio la pena cada minuto de cansancio, dolor de pies y zumbidos de moscones en las orejas . Definitivamente vamos a volver y definitivamente recomendamos visitar este pueblito, dado que no trasciende mucho entre los locales, sino, como dije anteriormente, es muy conocido entre los extranjeros. A- tenia una sonrisa tatuada.
En El Calafate pudimos visitar los Glaciares Perito Moreno, Spegazzini y Upsala, un paisaje diferente a lo anteriormente visto en los otros parques nacionales. Los glaciares se extienden majestuosamente, con una tonalidad azulina sobre ellos, que hacen que una se sienta muy chiquitita e insignificante. Me gusto, si, pero una vez que habiamos visto los glaciares, no hubo mas por hacer. El Calafate es carisimo y creo que no se justifica. Lo que me molesto fue que muchos hoteles expresaban sus tarifas en dolares, dirigiendose asi, a un target internacional. Para un argentino promedio es imposible pagar 300 dolares por noche. Y como dije anteriormente, alli “solo” se pueden visitar los glaciares. No hay nada mas.
Y llego el turno del fin del mundo. Ushuaia. Teniamos muchas expectativas, nos imaginabamos algo llano y con escasa vegetacion: error. Nos divertimos al momento de cruzar el estrecho de Magallanes en barco, con micro incluido, dado que es la unica manera de poder sortearlo (no hay puente ni nada). Y yo pensaba “estoy cruzando el estrecho, aquel que año tras año nombraban las maestras en las clases de historia, que loco!”.
Muchas ovejitas a los costados del camino despertaron mis deseos de comer cordero y al mismo tiempo, de adoptar una oveja cuando algun dia tengamos una casita en el campo, son tan tiernas!
Ushuaia estaba repleta de turistas “de la tercera edad”. Creo que eramos los mas jovenes en la isla! Despues nos enteramos que habia llegado un crucero desde la Antartida, que llevaba jubilados yanquis a bordo. Ach so! La oficina de turismo nos resulto bastante util y con buena onda. El
hostel en el que estuvimos posee una vista privilegiada al Canal de Beagle, que nos traia cierta nostalgia por la Tierra del Fuego.

Para resumir, el sur de nuestro pais merece ser visitado una y mas veces , aunque se complica por el tema economico. Me causo mucha indignacion ver como todo esta preparado para recibir los euros y dolares de los extranjeros y no los pesos de nosotros, los argentinos. Otra cosa un tanto chocante es el tema de las entradas a los parques nacionales: los extranjeros pagan mas del doble, en algunos casos. Mas de un turista foraneo manifesto que sufria discriminacion al momento de abonar la entrada al parque y yo creo que tenian razon. Cuando uno va al exterior no le cobran de mas por no ser nacional…….