El dia que llegamos a Tokyo, era el cumple de mi maridin. Fuimos junto a Paul (el cliente de mi Pequeno) a cenar a un bar ubicado en un sotano; nos sentamos, nos trajeron la toallita caliente para limpiarnos las manos, dejaron los chopsticks y nos dieron el menu. Estaba en japones, claro. Esperamos a que viniera el mozo. “Do you have an english menu?”, alcanzandole la carta. “lksdhdhüeurisfhsöfnjejflifojähheufjv”.

El mozo sonrio e insistio en que aceptaramos el menu en japones. Lo abrio en la seccion de las fotos y asintio con la cabeza varias veces. Y entonces señalo con el dedo cada foto y nos sonrio. Ah, clarisimo!! Ja! Asi que cada uno decidio pedir lo que le parecia mas “comible” y ya.
Esto se repitio en cada lugar al que fuimos a comer. El misterio de saber que era lo que ibamos a degustar se develaba a la cuenta de tres, con ojos cerrados, mordiendo los alimentos. Una experiencia muy excitante y riesgosa tambien: yo no debo comer algas. Estoy segura que algo de eso comi, pero bueno, aun no me mori, tan malo no pudo haber sido.

En varios restaurantes se pueden ver muestras de los platos que se sirven, pero estas muestras no son reales, sino que estan hechas de plastico. Que boba me senti al darme cuenta recien despues de 3 dias!! Se ven super naturales. Pero claro, la descripcion esta en japones 😦

Si visitan Tokyo, no pueden dejar de ir al Karaoke. Es super popular y curiosamente, los locales estan abiertos las 24 hs. Para festejar el cumple del aleman, Paul sugirio ir al karaoke.
Nos dieron una cabina con comodos sillones, panderetas y 2 microfonos. Quisimos pedir Sake, pero, nuevamente, la carta estaba solo en japones. Asi que justo pasaba el chico y lo zamarreamos adentro de nuestra cabina. Y entonces el ritual de siempre, repetir 3 veces las cosas pa’que le quede claro. El chico nos explico en japones y con señas, que habia un codigo correspondiente a cada trago, escrito en la carta. Los hombres pidieron Sake y el chico anoto un numero. Luego Paul le pidio Bailey’s, para mi, y eso ya fue demasiado para el pobre japones, no habia modo de que entendiese. Con una expresion de confusion total, le señalo algo en el menu al lado del numero 140. Tentadisimo, Paul me dijo “ok, el 140 es Bailey’s!!”. Demas esta decir que cuando llegaron los tragos el sake era un sake saborizado con no-se-que y mi “Bailey’s” era cualquier cosa menos licor.
Cantamos un par de temas rapidos y resulto imposible no tentarnos de risa. La primera hora se paso volando y antes de terminar, nos llamaron por telefono, a lo que respondimos que nos quedabamos otra hora mas.

Realmente recomiendo ir al Karaoke, aunque piensen que es aburrido, obviamente, es indispensable tomarse algo antes de empezar.

Si bien nos habian comentado que en general los japoneses no hablan demasiado ingles en Tokyo, realmente no pensamos que nadie nos pudiese entender!

Igual, nos explicaban todo, en japones claro, pero con toda la onda. Una vez una mujer llamo con su celular al hotel donde debiamos alojarnos, porque no lo encontrabamos. Debo destacar en mayusculas, que la gente resulto de lo mas amable y educada que vi jamas. Y a mi me encanta ir a un lugar y que me traten con respeto. Definitivamente, los japoneses se sacaron un 10. Y ahi tienen la moda prosti, que aparentemente, es muy normal alla 😛

Algo que me llamo mucho la atencion fue percibir que en algunos locales gastronomicos la gente se sentaba y se quedaba dormida largo y tendido. Nos paso que una vez, estando en Starbucks, nos colgamos como 2 horas decidiendo que visitar, y nos dimos cuenta de que todos los que estaban durmiendo cuando habiamos llegado, seguian ahi en los sillones roncando!

Sera que trabajan tanto y les conviene dormir ahi que ir hasta sus casas?

Definitivamente, Tokyo resulto ser totalmente distinto a todo lo que habiamos visto hasta ahora. Uno viaja por el mundo occidental y si bien percibe algunas diferencias culturales, podria arriesgarme a decir que son minimas.

Pero en Japon, donde el idioma suena enteramente extraño, donde nadie habla ingles ni logra entenderte, el viaje se convierte en una aventura muy graciosa y netamente impredecible.

Yo no soy Tamara di Tella*, pero te lo recomiendo!

*Protagoniza un comercial televisivo argentino sobre su metodo para hacer pilates, en cual dice: “yo soy Tamara di Tella, yo te lo recomiendo”.

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