Un dia mi mama me compro un bolsito rojo y blanco, con forma de cilindro y con un elefantito en el frente, puso una toalla, un par de ojotas y una jabonera dentro de el y me llevo a la colonia de vacaciones del C.A.I. Era verano de 1985.
Asi comenzo mi historia de amor-odio con el rojo de Avellaneda.

Durante mi infancia pase todos los veranos en la colonia. La misma funcionaba en el complejo donde se encontraba el estadio de futbol. Me encantaba ir a la pileta (piscina), pero no me gustaba tener que relacionarme con mis compañeritas. Odie la colonia. Al cumplir 11 anos, no regrese nunca mas. Segui yendo a la pileta, pero con amigas.
Cuando comenzo mi adolescencia, encontre un nuevo hogar: la sede social del CAI. Llegaba del colegio, almorzaba y me iba a jugar cestoball, hacer aerobics, o aprender voley. Volvia a mi casa a las 21. Los años mas felices de esa epoca los pase alli.
Volvi al estadio el primer dia que fui a ver un partido de futbol. Y me enamore locamente de esa energia que se respiraba con la salida del equipo a la cancha. Esperaba el domingo que se jugaba de local ansiosamente, para poder ir con mi amiga a ver el partido.

Ayer se jugo el ultimo partido de futbol en el estadio de la doble visera. El mismo sera demolido para construir un megacomplejo en su lugar, que se estrenaria en 2008.
A pesar de haber perdido contra Gimnasia y Esgrima de Jujuy, al termino del encuentro, empezo una fiesta. Toda la hinchada comenzo a corear una cumbia, a lo que me aclararon, era la “cumbia del Kun Agüero” (ahora canta! gracias Lula), y empezamos a despedir a nuestro querido estadio y a recordar goles que pasaron a la historia de nuestro club.
Personalmente, no pude evitar acordarme de cuando mi mama me llevaba a la colonia, que teniamos que ubicar el grupo al cual yo perteneceria, en las gradas de la popular.
Recorde la primera vez que fui a ver un partido, la emocion que tenia, al gritar los goles, bailando al ritmo de los cantitos, alentando al equipo.
Recorde la loca idea que teniamos con mi mejor amiga, de ser alcanzapelotas, con tal de poder salir al campo de juego con los jugadores. Si hasta teniamos la ropa y todo! Pero no nos animamos a disfrazarnos de hombres…
Recorde las veces que presenciamos entrenamientos, esperando hasta el final para luego tan solo poder sacarnos fotos con los idolos del momento y obtener autografos.
Recorde la foto que me saque con el Palomo Usuriaga, un dia de verano de 1995, que luego me la firmo, durante la pausa de mi entrenamiento de cestoball.
Recorde los partidos del ultimo campeonato, festejando hasta la madrugada el titulo obtenido.
Recorde la ultima vez que habia pisado el estadio, hacia mucho tiempo ya.

Cucho y el frances, de los autenticos decadentes, tocaron los cantitos de la hinchada, que coreamos y bailamos a mas no poder. Hacia el final, los fuegos artificiales iluminaron la noche de Avellaneda; a mas de uno se nos cayo el lagrimon, y contemplamos por ultima vez el estadio, ese en el que pasamos tantas alegrias, para poder evocar esa imagen, cada vez que nos acordemos de nuestra doble visera.

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